21Febrero2018

Miércoles, 21 Febrero 2018
9:03:49pm
13 Feb

Teatro Helénico recibe nueva temporada de "La Divina ilusión"

  • Estará en cartelera hasta el próximo 16 de abril

RedFinancieraMX
México/Agencias

El escándalo que protagonizó la actriz de teatro francesa Sarah Bernhardt (1844-1923) a principios del siglo XX en la ciudad de Quebec, da vida al drama "La divina ilusión", que anoche inició temporada en el Teatro Helénico, en el sur de esta ciudad.
Bajo la dirección y traducción de Boris Schoemann, el montaje del dramaturgo Michel Marc Bouchard (1958) no es una biografía de quien era considerada a menudo la mejor actriz de todos los tiempos, sino un pasaje de una de sus giras, en este caso, en Quebec, Canadá.
Cuando Sarah Bernhardt debutó en Quebec, en noviembre de 1905, la Iglesia, que ostentaba un poder determinante en su sociedad repudió la presencia de la actriz.
El arzobispo de la ciudad, Louis-Nazaire Bégin conminó a sus feligreses a no acudir a las funciones que la Bernhardt tenía programadas en la Academia de Música de Montreal, por considerarlas inmorales.
En ese viaje, “La Divina Sarah” presentó cuatro montajes, entre ellos, su versión de Adrienne Lecouvreur, de Eugène Scribe y Ernest Legouvé, sobre una joven que es abusada sexualmente.
“A partir de lo que se da cuenta del oscurantismo, del poder religioso, del hecho de que el obispo prohíba a sus feligreses que vayan a verla, entonces ella desata todo un escándalo, dándose cuenta de todos los males de la sociedad de aquella época, del oscurantismo por lo principios del capitalismo que obligan a mujeres y niños a trabajar en fábricas insalubres, por darse cuenta de los abusos a niños y jóvenes en el seminario”, dijo Schoemann a Notimex.
En el montaje, Sarah Bernhardt se presenta a dos jóvenes seminaristas: Michaud, hijo de “buena” familia y entusiasta del teatro, y Talbot, un joven enigmático proveniente de una familia pobre.
Ambos, están a cargo de comunicar a “la divina Sarah” que ni ella ni su teatro son bienvenidos por la iglesia católica. Mientras los dos jóvenes se van involucrando en su mundo, sus vidas cambiarán para siempre a partir de su encuentro con la diva teatral.
Gracias a la presencia de Sarah, Michaud se da cuenta que equivocó de vocación y toma el camino de las letras y la dramaturgia, gracias a la intervención de “La Divina”.
“Es ella quien se involucra con estos personajes, ella es quien llega a su ciudad, los que están ahí desde el principio son ellos. Y entendemos que ha habido un abuso de alguna forma en un seminario y de eso poco a poco nos vamos enterando”, agregó Schoemann
En la obra que presenta siete escenas y que combina la comedia y el drama, participan 11 actores, todos ellos, liderados por el talento de Pilar Boliver, quien da vida a la famosa “Divina”.
“No se rinde homenaje a nadie, sólo se trata de una obra completamente contemporánea, y se sirve de un personaje histórico Sarah Bernhardt; el homenaje es al teatro, a su figura, y es tanto criticando como alabando todas las bellezas y durezas del propio teatro.
“Es un montaje que presenta los acontecimientos de manera clara y te hace ver que todo es criticable; el chiste es tener autocritica para poder denunciar los males y vicios de una sociedad, estén en el poder, la iglesia o el teatro”, concluyó.
“La Divina Ilusión”, obra ganadora del segundo periodo de los Premios Cartelera 2018, estará en cartelera hasta el próximo 16 de abril.
Sarah Bernhardt era hija de una familia judía de origen holandés, aunque fue bautizada y educada en la religión católica por disposición de su padre en el testamento. Se formó en el monasterio de Grands Champs, en Versalles, en cuyo pequeño teatro comenzó a actuar en funciones colegiales.
Estudió interpretación en el Conservatorio de París desde 1858, por consejo del duque de Morny, y fue discípula de Prevost y Samson. Allí obtuvo el segundo premio de comedia y tragedia al acabar sus estudios.
Se la llamó "Reina de la postura y princesa del ademán". Entre sus excentricidades se cuentan sus viajes en globo, algunas pantomimas que representó o el hecho de que se mandó construir un lujoso ataúd, forrado de terciopelo violeta, que siempre iba con ella y en el que se acostaba con frecuencia.
Alta y delgada, de ojos oscuros y una inmensa presencia escénica, independiente y culta, dominó la escena francesa durante 40 años.

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