23Enero2018

Martes, 23 Enero 2018
5:50:31pm
  • Centenario del quijotesco y caballeroso editor Díez Canedo
  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

RedFinancieraMX
México/Colaboración especial

Para mi hija Cora Patricia Aspiros Heras,
escenógrafa y museógrafa,
a 25 años de su titulación
(17-X-1992, Teatro Orientación, INBA)

Un reportero de Notimex entrevistó a este tecleador en la Academia Nacional de Historia y Geografía y le preguntó si querría ser otra vez periodista en caso de volver a nacer.
Hubo un leve titubeo en la respuesta afirmativa porque, aclaró, “periodista o editor”, es decir, trabajar en la industria editorial, que siempre le atrajo y en la cual poco ha participado.
En la secundaria, el tecleador llevó el taller de imprenta. El olor de la tinta, conocer las cajas con tipos metálicos, armar textos letra por letra, leerlos al revés, aprender sobre variedades y tamaños de papel, manejar las prensas y ver el producto final, eran excitantes. Como lo fueron después sus visitas a los talleres de Excélsior para conocer las rotativas y los linotipos como parte de sus tareas de la clase de tipografía, y ya en la profesión corregir acetatos de planas de periódico sobre un cristal con luz abajo.
Por ello quiso hacer una segunda carrera aparte del periodismo, la de director de ediciones, pero la truncó. Hoy se impresiona al ver las nuevas prensas y otros equipos digitales de los que entiende poco.
Tal vez por todo eso, y porque la lectura reflexiva de libros y revistas lo ha acompañado desde la infancia, el tecleador optó por acercarse a las casas editoriales para escribir reseñas de sus novedades literarias.
Así conoció a quienes hacen los libros. No a los autores pues es preferible saber de ellos sólo por su obra o a través de sus biógrafos, sino a los editores. Pudo relacionarse, entre otros personajes de ese gremio, con los hermanos Joaquín y Aurora Díez-Canedo Flores cuando estaban al frente de la Editorial Tiempo y Lenguaje. Hijos de un gran personaje del mismo oficio, de cuyo nacimiento se cumplirán cien años el próximo 26 de octubre.
Se trata de don Joaquín Diez-Canedo Manteca, español llegado a México en 1940 y recordado por su Editorial Joaquín Mortiz, desde la cual en los años 60 del siglo XX compitió con el Fondo de Cultura Económica en la publicación de novelistas mexicanos que hoy son celebridades.
Uno de sus pesares fue no haber editado a su amigo Juan Rulfo; se lo ganó el FCE, de donde él había sido gerente en los años 40 (su hijo fue director de 2009 a 2013). Pero, en cambio, entre los autores que publicó están José Agustín, Jorge Ibargüengoitia, Juan José Arreola, José Emilio Pacheco, Agustín Yáñez, Tito Monterroso, Elena Poniatowska y tantísimos más, incluidos ocho tomos con la poesía de su padre que, como no se vendieron, los regaló y provocó el enojo de algunos libreros. Por decisiones parecidas tuvo varios enemigos.
Don Joaquín fue hijo del poeta Enrique Díez-Canedo, cuya obra y trayectoria estudia su nieta Aurora, doctora en Historia por la UNAM, quien también ha escrito sobre cómo se hizo editor su padre (ver http://www.siempre.mx/2011/07/joaquin-diez-canedo-la-formacion-de-un-editor/).
En Joaquín Mortiz -fundada con otros socios en 1962, con los apellidos de su madre (Manteca Ortiz) reunidos en la razón social- editó “con honestidad” libros “bien hechos”, pero reconoció que le había faltado ver eso como negocio. “Nunca entendí el concepto de venta… nunca estaba detrás de los vendedores, sino de los autores” y entonces muchos libros se quedaron en las bodegas, le dijo en 1993 al reportero Jorge Luis Espinosa de Unomásuno, quien lo presentó como “el último Quijote editorial”.
Tal vez por no aceptar que los libros fueran una simple mercancía, criticaba que se vendieran en los supermercados y no sólo en las librerías, y quizá por eso también su editorial tuvo que ser transferida en 1983 al comercialmente exitoso Grupo Planeta.
Cuando Díez-Canedo cumplió 70 años, el reconocido crítico literario -quien dispensó su amistad a este tecleador- Emmanuel Carballo, consideró que era “uno de los editores más completos entre los que ejercen esta profesión en México. Sabe escribir y conoce los secretos del arte de la traducción. Sabe marcar un libro, corregirlo y diseñarlo”, si bien su talón de Aquiles fue que “nunca se preocupó por ser el mejor vendedor entre los editores de su generación”.
Don Joaquín Díez Canedo Manteca nació en Madrid, España, el 26 de octubre de 1917 y falleció en la Ciudad de México el 26 de junio de 1999. Tras su deceso, el muy acreditado, pero también polémico Suplemento Cultural de Novedades, le dedicó varias páginas con el título de “El Editor Caballero” (4-VII-1999).
Su padre Enrique nació en 1879 lo mismo que el abuelo de este tecleador, y murió en 1944, el año de nuestro arribo al mundo.

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