10Diciembre2017

Domingo, 10 Diciembre 2017
6:11:48pm
  • Por Miguel Ángel López Farías

RedFinancieraMX
México/Colaboración especial

La baraja priista se juega el futuro en una mano. El casino en Campeche y sus visitantes tricolores contiene la respiración. Gana la casa, mejor dicho Los Pinos, o el otro apostador, el sonorense.

Los apostadores rodean la mesa de pókar, muchos dudan hacia dónde mover sus billetes, el del Estado de México aplica su estrategia para hacer lo que durante el juego sexenal ha hecho: Imponer sus cartas.

Su adversario estira los ojos y chasquea los labios, es institucional, pero como nunca ha olfateado la oportunidad para hacer historia y llevarse la bolsa bajo el título de candidatura presidencial.

Lo que parecería una simple mano de cartas en el otrora monolítico partido oficial, hoy es uno de los campos minados y más extraños de los últimos tiempos.

Los priistas, por más que lo nieguen, sufren los estertores de una muerte anunciada y no saben cómo hacer reaccionar un cuerpo casi muerto.

Enrique Peña Nieto va por su último gran movimiento, el de imponer a uno de sus leales,versiones de que está apuntalando a Meade o Nuño. Son temas comunes en los corrillos.

Los dos eficientes, pero lamentablemente con la carga de estar contaminados por su jefe y sus bajísimos números, cualquier escenario los descarta pues la antipatía en contra de este gobierno los arrastra. Impulsarlos es tanto como querer perder por default.

De Osorio poco se habla ya. El secretario de Gobernación pasó de ser el supersecretario que acabaría con los criminales a uno de los fraudes de esta administración.

Medio gabinete ya no lo toma en cuenta y no por malo, sino que absorbió las fallas de toda la estructura peñanietista.

Los priistas que se dicen dolidos por el cerco de su presidente, ese aislamiento al que fue sometido por Luis Videgaray, Osorio y Nuño están dispuestos a montar una especie de asonada, al impulsar nuevas propuestas que oxigenen a su instituto, que le den una cara más lavada frente a los mexicanos, los cuales sencillamente (una mayoría) ya no los quieren en el poder, y los priistas se lo ganaron.

El presidente con mayor razón al solapar a media docena de sus corruptos gobernadores. Súmele el que desde Los Pinos se toleró que el aparato de comunicación presidencial se encerrara en una burbuja cargada de soberbia y de total alejamiento para con muchos de los medios, escogiendo sólo a un puñado, no siempre los de mayor credibilidad para buscar crear toda una base de opinión favorable hacia el presidente. Publicidad carísima con malos resultados.

Si el PRI quiere mantenerse en el poder tendrán que convencer a Peña de que no meta las manos, pero como eso no está en la genética del mandatario, pronto se verán en apuros, excepto Peña tenga una epifanía y se de cuenta de que si deja que el proceso de sucesión sea manejado bajo criterios de supervivencia y no de imposición, deberá estar volteando hacia el doctor Narro o Enrique de la Madrid, los secretarios dos más eficientes de su equipo y los dos con mayores aires de autonomía.

Enrique Peña puede perder todo. El Estado de México fue un parto complicado y por poco su entidad es entregada a Morena. Si algo queda de esa lección, Peña deberá estar muy receptivo a las voces críticas de su partido.

¿Lo dejaran las altas murallas de Los Pinos?

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